El Libertario Español
Durante el último fin de semana largo, el presidente Javier Milei volvió a protagonizar una serie de ataques contra periodistas y medios de comunicación. No es nuevo, pero sí cada vez más intenso. Lo llamativo no es solo la cantidad de mensajes, sino el tono: insultos, descalificaciones personales, burlas y amenazas veladas. Un estilo que, más allá de las preferencias políticas, no es compatible con la conducta de una persona educada ni con la investidura presidencial.
Quien ocupa el cargo más alto del país debería ser ejemplo de templanza, prudencia y respeto institucional. Sin embargo, Milei eligió nuevamente descargar su enojo en redes sociales, como si la frustración por la pérdida de popularidad y el desgaste de su gestión necesitara un blanco externo. Y ese blanco, una vez más, fue la prensa.
Un lenguaje impropio de un jefe de Estado
Entre los mensajes que compartió, se repiten expresiones como “basuras”, “terroristas encubiertos”, “mercenarios”, “periodismo basura”, o frases como “quien desafía al león acepta los resultados”. Incluso utilizó el lema “NOL$ALP” (“No odiamos lo suficiente a los periodistas”), una consigna que, en cualquier democracia madura, sería inadmisible.
Las personas de bien, las personas formadas, no hablan así. Mucho menos un presidente. La crítica es legítima; la agresión sistemática, no.
Un país en crisis mientras el Gobierno mira hacia otro lado
Mientras Milei dedica horas a insultar periodistas, la realidad argentina sigue deteriorándose:
- La economía no arranca.
- Los comercios venden cada vez menos.
- Las empresas cierran o reducen personal.
- Miles de pymes bajaron la persiana.
- La recesión no es un concepto académico: es la calle vacía.
- La pobreza se profundiza.
- La clase media se achica.
La inflación bajó, sí, pero se estancó en un nivel que sigue siendo de los más altos de la región, y sin señales claras de converger hacia los valores de los países vecinos. Brasil, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Chile y Perú están mucho mejor en precios, crecimiento y estabilidad.
Además, las promesas de reactivación se concentran casi exclusivamente en sectores que responden a intereses estratégicos de Estados Unidos: minerales críticos, energía y proyectos de largo plazo que no alivian la vida cotidiana de la población.
Los precios hoy vs. cuando asumió Milei
A continuación, un repaso aproximado de cómo evolucionaron algunos precios clave desde diciembre de 2023 hasta hoy. No son valores exactos —varían por provincia y marca—, pero sí reflejan la tendencia general que vive cualquier argentino.
| Producto / Servicio | Diciembre 2023 | Abril 2026 | Variación aproximada |
|---|---|---|---|
| Nafta (litro) | $350–$400 | $1.250–$1.400 | +250% |
| Leche (litro) | $350 | $1.000 | +185% |
| Pan (kg) | $600 | $1.800 | +200% |
| Carne (kg, promedio) | $2.500 | $7.000 | +180% |
| Ropa (remera/pantalón promedio) | $8.000–$15.000 | $25.000–$45.000 | +200% |
| Telefonía móvil (plan básico) | $4.000–$6.000 | $15.000–$20.000 | +220% |
| Internet hogar | $6.000–$8.000 | $20.000–$28.000 | +230% |
| TV por cable/streaming | $5.000–$7.000 | $18.000–$25.000 | +220% |
| Pasajes de larga distancia | $8.000–$12.000 | $30.000–$45.000 | +250% |
La inflación bajó, pero los precios no retroceden. Y el salario real sigue por debajo del nivel previo al cambio de gobierno.
Un liderazgo que se achica
Frente a este panorama, el presidente opta por atacar periodistas en lugar de explicar por qué la vida cotidiana no mejora. La agresión constante no fortalece su imagen: la empequeñece. Un líder seguro de sí mismo no necesita insultar. Un presidente que confía en su proyecto no necesita enemigos imaginarios.
La Argentina atraviesa una crisis profunda, y la sociedad espera soluciones, no peleas. El país necesita serenidad, diálogo y políticas que alivien la vida de la gente. No necesita un jefe de Estado que se comporte como un usuario más de redes sociales.
Los argentinos ya saben como esto termina, lo que no saben es cuando ocurrirá y que les deparara el futuro, que sin dudas no es en esa direccion.
Europa marca el camino y Argentina insiste en desviarse
La comunidad europea está integrada por 27 países, un bloque diverso donde conviven gobiernos socialdemócratas, liberales, conservadores y también algunos de derecha. Pero incluso dentro de ese abanico político, ninguno aplica un modelo económico semejante al que impulsa Javier Milei en Argentina.
Entre los gobiernos europeos que pueden considerarse de derecha se encuentran Suecia, Polonia, Italia y Hungría. Sin embargo, sus políticas están muy alejadas del neoliberalismo extremo que propone Milei. Ninguno de ellos plantea la desaparición del Estado, la eliminación de la protección social, la desregulación absoluta de los mercados o la idea de que la economía debe funcionar sin ningún tipo de intervención pública.
En el resto de Europa, los gobiernos son socialdemócratas, progresistas, liberales o coaliciones amplias que combinan distintas corrientes. Pero en todos los casos —absolutamente todos— existe un consenso básico: la economía necesita equilibrio, regulación, inversión pública y un Estado que garantice derechos y estabilidad.
Europa no es perfecta, pero entiende algo fundamental: sin Estado no hay desarrollo, sin protección social no hay cohesión, y sin políticas industriales no hay futuro.
La visión económica de Milei está completamente desconectada de ese consenso internacional. Mientras Europa fortalece su industria, impulsa la innovación, protege a sus trabajadores y regula los mercados estratégicos, Argentina avanza hacia un experimento que no tiene equivalentes en el mundo desarrollado.
Es hora de que el presidente despierte, mire el mapa global y comprenda que ningún país serio aplica las recetas que él defiende.
Si Argentina quiere crecer, necesita un rumbo distinto. Un rumbo que mire hacia adelante, no hacia un dogma que ya fracasó en todas partes donde se intentó.

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